Sociedad

Iberá llegó a 50 yaguaretés en libertad, sostenido por fondos privados

El nacimiento de una cría de Porá en abril cerró una serie histórica: medio centenar de ejemplares vive ya en estado silvestre en los Esteros. La gestión combina tres niveles del Estado y una fundación privada. El financiamiento estatal directo del programa no fue informado.

Por Sofía Aquino · 3 de mayo de 2026

Hay una cría nueva nadando en los esteros y, con ella, un número que define una etapa: cincuenta yaguaretés viven en estado silvestre en el Iberá. Es la primera vez en más de setenta años que la población del mayor felino del continente alcanza esa cifra en territorio correntino. La hembra que parió a fines de abril es Porá, una de las tres primeras crías nacidas en el centro de reintroducción y la primera que volvió a tener cachorros en la naturaleza, según confirmó la Fundación Rewilding Argentina. El registro fue publicado por El Litoral el 14 de abril y replicado por medios provinciales y nacionales en las semanas siguientes.

La línea histórica es nítida y vale la pena recorrerla porque ordena la discusión que viene atrás. El Centro de Reintroducción del Yaguareté (CRY) se construyó en 2012 sobre la isla San Alonso, dentro del Parque Iberá. La primera liberación efectiva ocurrió en enero de 2021: la hembra Mariuá y sus crías Karai y Porá pasaron de los corrales del CRY a vivir en libertad. Cinco años después, sus descendientes y los ejemplares sumados desde entonces dan la población actual. El acuerdo de gestión del programa involucra a tres niveles del Estado —Gobierno provincial, Administración de Parques Nacionales y, en distintos momentos, el Ministerio de Ambiente nacional— y a la Fundación Rewilding Argentina, heredera del trabajo de Tompkins Conservation.

La cifra, sin embargo, no se sostiene sola. La operación del programa —monitoreo satelital, sanidad, alimentación de los ejemplares en cría, manejo de los corrales, equipo veterinario, guardafaunas, infraestructura de campo— se financia mayormente con fondos privados de la fundación. El componente estatal es central en la habilitación normativa, en la afectación de tierra pública y en la presencia de Parques Nacionales, pero el aporte presupuestario directo del Estado al programa no fue informado de manera consolidada. La consulta sobre cuánto destina la provincia y cuánto aporta la Nación al sostenimiento operativo del CRY no tuvo respuesta oficial al cierre de esta nota.

El dato es relevante porque la sostenibilidad del rewilding —ése y los demás proyectos que la fundación lleva adelante en el norte argentino— está atada a una matriz de financiamiento que no es estructural. La aprobación parlamentaria de un programa de conservación no equivale a una partida presupuestaria estable: en los presupuestos provinciales y nacionales recientes, las áreas de conservación de fauna y de manejo del Iberá se ubican entre las que más perdieron en términos reales. Si la fundación reduce su despliegue, no hay un esquema público de continuidad inmediato. La información sobre planes de contingencia tampoco fue publicada.

Para Corrientes, el yaguareté es más que un animal: es un caso de éxito que la provincia cita con frecuencia para promocionar el turismo de naturaleza. Las comunidades de Concepción, Carlos Pellegrini y Colonia Carlos Pellegrini —donde se ubican los principales accesos al parque— vieron crecer la actividad de guías de avistaje, alojamientos rurales y servicios. Excazadores furtivos pasaron a trabajar como rastreadores para Parques Nacionales. La economía local del Iberá depende, en parte, de que el programa no se interrumpa.

El próximo paso técnico del programa pasa por sumar nuevos ejemplares al área de uso —los biólogos del CRY trabajan con un cupo de liberaciones planificadas para 2026— y por extender el monitoreo genético para evitar consanguinidad en una población joven. El próximo paso institucional, en cambio, sigue pendiente: que el financiamiento público que sostiene el programa se ordene en un esquema plurianual, transparente y publicable. Hasta que eso ocurra, los cincuenta yaguaretés del Iberá son un logro tan real como frágil.

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